Por Matías Ballesteros
Vos no me conocés, pero yo conozco todo de vos… Estas palabras fueron escritas durante días, pensando en todo lo que hemos vivido y disfrutando de tu juego, de tu magia, tu humildad y tu grandeza. Tras la llegada de Lionel Andrés Messi Cuccittini, la Selección y el mundo del fútbol tienen un antes y un después. Cambiaste la manera de pensar, de soñar con llegar a ser como vos y de ver el fútbol de una manera más hermosa.
Representaste a cada argentino desde siempre y, en cada rincón de este hermoso planeta, conocen a la República Argentina gracias al señor 10, a la Pulga mágica que hizo hasta lo imposible. Estés en Burundi, Nepal o Camboya, conocerán la palabra Messi. Esa palabra que traspasó fronteras, que abrió puertas a desconocidos y que, de alguna manera, hizo que millones de personas sintieran un poquito de Argentina sin siquiera haber pisado nuestro país.
Nos regalaste el mayor sueño de todos: ver a la Selección campeona del mundo. Y a pesar de haber disputado tres finales, el deporte a veces es injusto, sin lugar a dudas te merecías muchísimo más con esta selección. Fuimos contemporáneos de ese momento increíble que nunca olvidaremos, ese momento que durante tantos años pensamos que nunca llegaría. Tardamos años en volver a ver a la Argentina en una final del mundo y vos lo lograste en tres de las últimas cuatro Copas disputadas. Nos diste alegría y felicidad sin imaginarnos todo ese camino esperado y nos hiciste vivir a muchos, nuestra primera final en carne propia, nadie nos contó nada, lo vivimos nosotros junto a vos.
También obviamente, estuvimos en las derrotas, porque nunca nos bajamos de tu barco. En esas finales que dolieron como pocas cosas, en esas noches en las que parecía que todo se escapaba otra vez y en las que muchos pensaron que nunca iba a llegar el momento de verte levantar la Copa del Mundo. Te vimos caer, te vimos llorar y también te vimos volver. Quizás ahí estuvo una de las partes más importantes de tu historia: nunca dejaste de intentarlo. Y nosotros, con el paso de los años, tampoco dejamos de creer.
Tu ejemplo en la Selección, el de no dejar de intentarlo aun cuando todo parecía perdido, nos enseñó a todos que nunca hay que darse por vencido, que tarde o temprano las cosas llegan y que esos esfuerzos, esas caídas y esos golpes que nos da la vida, algún día encuentran su recompensa. Nos enseñaste que vale la pena seguir, incluso cuando el camino parece no tener un final feliz.
Quizás en un mundo paralelo nos diste más Copas, pero quizás en otro mundo nunca llegabas al Barcelona, ibas a otro club y nunca hubiéramos visto tu ingreso por Deco, aquella roja directa ante Hungría o tu gol con la Sub 20 en la cancha de Argentinos Juniors. Todo pasa por algo, todo es así por algo en esta vida. Las cosas se dieron así y el mundo sería muy diferente por cambios insignificantes que, a veces, nos quedamos pensando sin poder dormir: cómo hubiese sido el mundo si en 2014 metías ese gol ante Alemania, si aquella pelota que pasó finita entraba, o si la eludida a Unai Simón en 2026 llegaba limpia y quedabas solo contra el arco, solo hacia la cuarta estrella…
Tu recorrida hasta el final comenzó con un Mundial Sub 20 sin saber todo lo que se aproximaba. Fue una vida entera de todos nosotros en un deporte que recién algunos empezábamos a entender, a observar y a comprender la pasión que nos generaba. Crecimos viéndote. Pasaron los años, cambiaron nuestras vidas, cambiamos nosotros, pero vos seguías ahí, con la camiseta argentina, intentando una y otra vez.
Y hay algo más que quizás haga que esta historia sea todavía más especial para mí: nacimos el mismo día. Cada 24 de junio, mientras millones de argentinos celebran tu cumpleaños, también es el día en que me toca celebrar el mío. Durante años, esa coincidencia fue simplemente una curiosidad, pero con el tiempo se convirtió en algo mucho más grande. Compartir fecha de nacimiento con vos hizo que cada 24 de junio tuviera siempre una historia detrás, una imagen, un gol, una camiseta argentina y, sobre todo, la sensación de que en algún lugar del mundo estaba celebrando su cumpleaños la persona que tantas veces nos hizo feliz una cancha de fútbol.
Quizás sea una casualidad, una de esas pequeñas cosas que no cambian el rumbo de una vida, pero que la hacen un poco más especial. Y ahora, mientras escribo estas palabras, pienso que hasta mi cumpleaños va a sentirse diferente cuando ya no estés jugando con la Selección. Porque durante tantos años, el 24 de junio no fue solamente mi día, también fue el día de Messi.
Sé que este momento llegaría y jamás estuve preparado para asumirlo o sentirlo. Parte de mi vida se fue con ese final de partido ante una selección modesta de África. Porque, aunque sabíamos que algún día iba a suceder, una cosa es saberlo y otra muy distinta es vivirlo. Si pudiera volver el tiempo atrás, disfrutaría muchísimo más esos partidos de Barcelona, de la Selección o cualquier amistoso que hayas jugado. Miraría cada minuto de otra manera, festejaría cada gol un poco más, prestaría atención a cada gambeta, a cada pase, a cada vez que te pusiste la camiseta argentina.
Fui afortunado de vivir tu debut ante Serbia y Montenegro en 2006 y lloré en esa final ante España en 2026, sabiendo que ese fue tu último encuentro en un Mundial de Fútbol. Qué difícil es escribirlo. Qué difícil es aceptar que aquel chico que vimos aparecer con la camiseta de la Selección número 19, y que parecía destinado a cambiarlo todo, algún día tendría que decir adiós.
Lloraré por no poder verte dentro de una cancha de fútbol, pero estaré feliz de haber sido contemporáneo de tu fútbol, tu garra y tus goles… De zurda, de penal, de tiro libre, al ángulo, de derecha y hasta los imposibles. Esos goles en los que sacaste a bailar a medio equipo, o arrancaste desde mitad de cancha, en un claro ejemplo de la magnitud que sos en este deporte que une y alivia el corazón de la cotidianidad.
Porque no fuiste solamente fútbol. Estuviste en cumpleaños, reuniones familiares, mates, asados, viajes y noches de insomnio. Estuviste cuando éramos chicos y también cuando crecimos. Estuviste en nuestros mejores momentos y también en aquellos en los que necesitábamos una alegría. Y quizás por eso despedirte duele tanto: porque no solamente estamos despidiendo a un futbolista, estamos despidiendo una parte de nuestras propias vidas.
Te amaré por toda mi eternidad. Nos cambiaste la vida, nos hiciste felices, nos hiciste emocionar y, en los momentos de tristeza, lloramos junto a vos. Lionel Andrés Messi habrá uno solo toda la vida. Nadie jamás se podrá comparar a tu juego, tu habilidad, tu persona y tu generosidad dentro y fuera de la cancha.
No hay más palabras para describir este momento de miles de sensaciones y recuerdos que se me vienen al pensar que ya no te vamos a ver en una cancha de fútbol. Durante tantos años imaginamos este día y, aun así, cuando finalmente llegó, no estábamos preparados.
Quizás el fútbol siga siendo el mismo, quizás la camiseta argentina vuelva a salir a la cancha y nosotros volvamos a sentarnos frente a un televisor o en un estadio esperando otro partido. Pero igual todos sabemos que algo cambió para siempre. Porque ya no estará ese chico que durante más de veinte años nos hizo creer que todo era posible, que podía aparecer una última gambeta, un último pase, un último gol. Se me hace un nudo en la garganta de tan solo pensar que no te voy a volver a ver dentro de una cancha de fútbol.
Solo queda decir gracias por tanto Leo. Gracias por cada lágrima, cada sonrisa, cada gol y cada ilusión. Gracias a la vida por ser argentino y por habernos permitido vivir una historia que algún día les contaremos a quienes no tuvieron la suerte de verte jugar. Podremos haber perdido un jugador, pero todos hemos ganado un gran hincha de las selecciones futuras.
Hasta siempre, eterno capitán.












