Por Matías Ballesteros
Hay historias que permanecen a la vista de todos, pero que casi nadie observa. Miles de vecinos caminan diariamente por las calles del casco céntrico, esperan un semáforo o estacionan sus vehículos junto a ellas sin imaginar que, incrustadas en los cordones, permanecen desde hace casi nueve décadas unas placas de bronce que recuerdan el histórico plan de pavimentación que transformó para siempre la fisonomía del entonces pueblo de General Rodríguez.
No están escondidas, simplemente dejaron de ser observadas. El paso del tiempo, el tránsito cotidiano y las sucesivas tareas de mantenimiento hicieron que estas pequeñas piezas de bronce se integraran al paisaje urbano hasta volverse prácticamente invisibles. Algunas conservan todos sus detalles originales, otras se encuentran fracturadas y varias fueron cubiertas parcialmente con pintura amarilla al pintarse los cordones, una muestra de que con los años dejaron de ser reconocidas como parte del patrimonio histórico local.
LA OBRA QUE CAMBIÓ A GENERAL RODRÍGUEZ
La pavimentación simultánea de 90 cuadras fue una de las obras de infraestructura más importantes de la época. Hasta entonces, la única vía asfaltada que atravesaba General Rodríguez era la actual Avenida Bernardo de Irigoyen, aunque solo del lado sur, inaugurada en 1931. En ese contexto, el histórico plan iniciado en febrero de 1938 marcaría un antes y un después en el desarrollo urbano de la localidad.
La obra fue adjudicada por “Compañía Argentina en Construcciones y Pavimentos” con un presupuesto de 671.260 pesos moneda nacional. El proyecto cubrió el 30% de las calles de General Rodríguez.
Pero no todo era alegría en un pueblo de apenas 6.800 habitantes. Documentos de la época señalan que anuncio de la obra fue recibido con frialdad en algunos propietarios beneficiados, quienes, alarmados por el progreso, decidieron vender los inmuebles e incluso regalar sus terrenos.
EL RASTRO QUE SOBREVIVIÓ AL TIEMPO
Actualmente, siete de estas placas permanecen incrustadas en distintos puntos del casco céntrico de General Rodríguez. Dos se encuentran sobre la avenida San Martín, dos en la calle Belgrano y las restantes en las avenidas Presidente Perón, Bernardino Rivadavia e Intendente Manny.
Las placas fueron colocadas en 1938 para dejar constancia del histórico plan de pavimentación ejecutado durante la gestión del intendente doctor Hilario A. Duca. Aquella obra impulsó una profunda transformación urbana en General Rodríguez. ellas quedaron grabadas el año de ejecución, los nombres de las principales autoridades provinciales y municipales de la época y la referencia a la Dirección de Pavimentación del Ministerio de Obras Públicas de la Provincia de Buenos Aires, convirtiéndose en verdaderos documentos históricos a cielo abierto.
Más allá de recordar una obra pública, estas placas representan uno de los pocos testimonios materiales que permanecen exactamente en el lugar donde fueron colocadas hace 88 años. Mientras edificios desaparecieron, comercios cambiaron, calles fueron repavimentadas y la ciudad creció, ellas continuaron allí, silenciosas, siendo testigos del paso del tiempo.
UNA PLACA RESGUARDADA
Además de las siete placas que aún permanecen incrustadas en distintos puntos del casco céntrico, otra de ellas se encuentra resguardada en el Museo Municipal Bernardo de Irigoyen. A diferencia de las que continúan expuestas al paso del tiempo, el tránsito y las tareas de mantenimiento urbano, esta pieza fue preservada y hoy forma parte del patrimonio histórico local. Su conservación permite mantener viva la memoria de la histórica pavimentación de 1938 y ofrecer a las nuevas generaciones un testimonio material de una de las obras que transformó la fisonomía del entonces pueblo de General Rodríguez.

La historia de General Rodríguez no solamente se conserva en archivos, fotografías o antiguos documentos. En algunos casos, todavía permanece incrustada en los cordones de sus calles.
Quizás ese sea el mayor valor de estas placas de bronce. No representan únicamente el recuerdo de una obra pública, sino también la importancia de preservar aquellos pequeños testimonios que el tiempo fue dejando en el espacio urbano. Durante casi nueve décadas estuvieron allí, a la vista de todos, esperando volver a ser observadas. Tal vez por eso constituyan uno de los patrimonios más invisibles de General Rodríguez y que algunos, esperan ser nuevamente descubiertos.












